Una escuela con cerebro y corazón
En Caperucita Rosa entendemos la primera infancia como una etapa decisiva y fundamental en la vida de los niños. Por eso, nuestro proyecto educativo está cuidadosamente diseñado para respetar la individualidad de cada pequeño y para potenciar su desarrollo integral de manera efectiva. Buscamos ofrecer un ambiente enriquecedor que favorezca el aprendizaje a través de experiencias reales, cercanas y emocionalmente significativas, permitiendo así que cada niño explore su curiosidad innata y desarrolle habilidades esenciales para su futuro.
El dúo perfecto
Familia y escuela: el camino en equipo
Creemos en una comunidad educativa fuerte. Por eso fomentamos la comunicación con las familias, compartimos recursos y promovemos iniciativas que alinean el hogar con la escuela. Porque cuando caminamos juntos, los niños crecen con más seguridad, coherencia y bienestar.
Cada niño es protagonista: observar, acompañar y respetar
No creemos en “encajar” a los peques en un molde. Acompañamos desde la observación, con un seguimiento cercano, cuidando su seguridad emocional y sus necesidades (sueño, alimentación, exploración, vínculo). Respetamos los ritmos madurativos: adelantarse a ciertos procesos puede generar frustración; en cambio, cuando el aprendizaje llega en su momento, se vive con disfrute y confianza.
La emoción abre la puerta al aprendizaje. Creamos ambientes que favorecen la calma, la alegría y la curiosidad: una bienvenida amable, rutinas predecibles, espacios cuidados y un equipo atento a cada gesto. Cuando el niño se siente seguro, su mente se abre a explorar, probar, equivocarse y volver a intentar.
LO QUE NOS DIFERENCIA
Aprendizaje significativo: aprender haciendo
Convertimos el día a día en oportunidades enriquecedoras: a través de cuentos que despiertan la imaginación, juegos simbólicos que fomentan la creatividad, actividades sensoriales que estimulan los sentidos, propuestas artísticas que permiten la expresión personal, ejercicios de psicomotricidad que favorecen el desarrollo físico, así como la música y el lenguaje que enriquecen la comunicación.
Cada experiencia se conecta de manera íntima con lo que los niños viven y sienten en su entorno cotidiano, para que el aprendizaje "se quede" no solo en su mente, sino también en su corazón, formando así un conocimiento duradero y relevante en sus vidas.
El cuerpo como motor del aprendizaje: movimiento, juego y autorregulación.
El desarrollo motor es la base del aprendizaje infantil. A través del movimiento, los niños organizan su sistema nervioso, fortalecen la atención, la planificación y las habilidades necesarias para aprender. Por eso, proponemos experiencias donde el cuerpo participa de forma activa: circuitos de movimiento, exploraciones sensoriales, actividades rítmicas y momentos de pausa que favorecen la autorregulación.
Contamos además con una sala especialmente equipada para estimular el sistema vestibular y la propiocepción, con rocódromos y estructuras de trepa que permiten desarrollar el equilibrio, la conciencia corporal y la seguridad en el movimiento, aspectos clave para la concentración y el aprendizaje escolar.
El juego es el eje de nuestra propuesta: a través de la exploración y el desafío, los niños aprenden de forma natural, motivados y en un entorno emocionalmente seguro.
